A mediados de
los 80’s un grupo de docentes de la Universidad
de los Andes, que hacía consultoría
en sus tiempos libres decidió crear una empresa
para atender en forma adecuada sus proyectos.
Para el nombre de su empresa necesitaban algo sencillo,
pues estaban teniendo problemas con sus propuestas.
Los clientes respondían con frases como: “eso
acá es imposible”, “es contrario
a lo que hacemos”, “nunca va a funcionar”
o simplemente “eso es de Alta Tecnología”,
para indicar que sus propuestas estaban lejos de ser
consideradas.
Nos parecía interesante que lo que aquí
denominaban "Alta Tecnología”, en
otro medio era tecnología operacional; incluso
de uso estándar por los líderes de la
industria. Luego entendieron que el cliente denominaba
una propuesta de “Alta Tecnología”,
cuando tenía desconocimiento del tema. A mayor
desconocimiento, más alta era la tecnología
propuesta.
Al ser un equipo interdisciplinario o transdisciplinario
– como decía un fundador -, en su trabajo
empezaron a usar el término “Alta Tecnología”,
para los temas que alguien desconocía. Como
broma decían: “No te preocupes, que eso
es Alta Tecnología para ti .”
Finalmente comprendieron que su propósito debía
ser acabar con esa “Alta Tecnología”.
Que los conceptos rotulados de “Alta Tecnología”
eran precisamente lo que la empresa necesitaba para
crecer; pues era la forma de operación ya probada
y adoptada por los líderes.
Así nació Alta Tecnología. Un
equipo cuyo fin era apoyar a las empresas en la adopción
de las mejores prácticas a nivel mundial. Practicas
denominadas de “alta tecnología”,
pero que debían ser su esquema de operación
cotidiano. |