Los acelerados
y permanentes cambios tecnológicos
en los que está inmersa la sociedad,
que afectan tanto a las personas, como
a las estructuras organizacionales y
su entorno en el cual desarrollan sus
actividades, han determinado que la
utilización, en especial, de
las tecnologías de la información
se conviertan en el elemento básico
para la consecución de los objetivos
de las organizaciones, por lo que la
eficacia corporativa está hoy
en día en función de estas
tecnologías, e influenciada por
el nivel de desarrollo que se haya logrado
en este ámbito.
Las decisiones
de los altos ejecutivos se relacionan
ahora con la conducción de estos
cambios, requiriendo para ello la información
que les permita tomar decisiones trascendentes
para la supervivencia de la organización,
y el necesario control, especialmente
aquellos de carácter preventivo,
que se relacionan con el análisis
y la evaluación de riesgos, de
las tecnologías que ayudan a
generarla.