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La descentralización constituye
uno de los procesos políticos de
mayor resonancia en Colombia en el último
cuarto de siglo. Las reformas iniciadas
en la década del 80 y refrendadas
por la Constitución de 1991 transformaron
de manera significativa la arquitectura
del Estado colombiano, tanto en términos
de las relaciones intergubernamentales
como de las relaciones entre los ciudadanos
y las autoridades locales.
La particularidad del caso colombiano
consistió en que el proceso de
descentralización estuvo acompañado
desde un comienzo por la institucionalización
de mecanismos de participación
ciudadana en la gestión pública,
lo que significó una apertura del
sistema político a la iniciativa
social.
Uno de los efectos más visibles
de estas transformaciones fue una redefinición
de la gestión pública en
un doble sentido: de un lado, las administraciones
municipales y departamentales se vieron
obligadas a incorporar parámetros
de eficiencia y eficacia, a fin de cumplir
adecuadamente las nuevas responsabilidades.
De otro, la institucionalización
de canales de participación ciudadana
implicó transformar las actitudes
y las prácticas de los servidores
públicos en la formulación
de políticas públicas. Hoy
día, la gestión pública
moderna es entendida como eficiente, eficaz
y participativa. |